Cruce de caminos

Mercedes Casanegra


 

Sorpresiva decisión la de Zavaleta Lab, al reunir una exposición de fotografías de Santiago Porter, Bruma, con otra de ensamblajes de Silvana Lacarra, Solos y duos, de manera simultánea en el mismo espacio.

Hace tiempo, Lacarra formuló una opción esencial que definió gran parte de su desarrollo: privilegió la fórmica como el material artístico para su obra, que se ha convertido ya en marca de identidad. Su lenguaje pasa de modo ineludible por aquella elección. Aquí está asociada con refinados y exóticos tipos de madera, con las hojas y raíces del maíz, con el aluminio y la alpaca. La artista recurrió también al minucioso oficio de la marquetería que utiliza esas maderas y que parecería estar en las antípodas del mobiliario realizado con fórmica. Sin embargo, ella ha hecho de la yuxtaposición una de sus estrategias artísticas. Se trata de un recurso tan eficaz como poético, con antecedentes en la historia. Los surrealistas recurrieron a las oposiciones de materiales y elementos de la vida cotidiana para producir disrupciones que tocaran un lugar más allá de la conciencia, para hacer aflorar otra cara de lo habitual, aquello que yace escondido y que es fuente de creatividad, vitalidad, energía. Claes Oldenburg hizo otro tanto al trocar materiales duros por blandos, lo que le permitió reelaborar la realidad cotidiana a través de una consistencia en apariencia ilógica.

Lacarra completa con otros sentidos la reunión de materiales. En Dúo I , los triángulos de madera se vuelven estilizadas plantas de maíz en ejercicio de síntesis, a las que se oponen las hojas reales del maíz seco y sus raíces. Solo II exhibe en su superficie azul profundo una dispersión de pequeños cuadraditos de alpaca y aluminio. Los fragmentos de metal semiprecioso y metal utilitario forman una bóveda celeste y nocturna. En otra obra, la madera de raíz se vuelve cadena montañosa y la fórmica, cielo.

Conocemos las fotografías de toma directa de Santiago Porter, sus retratos de edificios oficiales, donde su mirada dejó ver el lado oscuro y débil de la imponente contundencia institucional. Luego fueron los monumentos de la quinta de San Vicente, la Evita mutilada, premiada y emblema de un período del artista. Pero, como dice Graciela Speranza en el texto del catálogo, "no extraña que, sofocado de ciudad, Porter haya salido al campo a fotografiar la nada informe de la pampa virgen donde termina el suburbio". Se retiró a campos no lejanos de la provincia de Buenos Aires, seguramente bajos, en donde la neblina es habitual. Entonces, la bruma se convierte en protagonista entre esos yuyales y árboles autóctonos.

Lo narrativo, que está presente en ambos artistas, pasa a un segundo plano. Ambos exploran los límites: Silvana Lacarra exige que sus materiales rindan en su máxima expresión; Santiago Porter retrae la categórica figuración para optar por la evanescencia. En ambos se percibe un sincretismo con otras disciplinas, y la música, seguro, es una de ellas.

La investigación de los límites es una tentación, pues llegar a ellos implica que se ha transitado un camino y se conoce lo recorrido. De lo material se pasa a lo inmaterial: los límites de la investigación de la conciencia, de la exploración del arte y sus infinitos modos expresivos, entre otros. La búsqueda del límite posee el objetivo secreto de que hay algo más allá de esa frontera, algo todavía no expresado. En esa búsqueda activa están Lacarra y Porter, por caminos diversos que se tocan en algún punto.