Sobre la obsolescencia

Santiago Porter


Partiendo de mi inquietud por la representación de la ausencia, el espacio y las historias,  mi interés por trabajar con el aspecto de determinados edificios de la ciudad tiene varias explicaciones posibles. Desde la utilización metafórica, la intención de hacer ciertos comentarios sobre la historia hasta la aproximación con fines casi taxonómicos.

Con la idea original de trabajar sobre la transformación del aspecto de la ciudad me propuse explorar específicamente el corredor que va desde la ESMA hasta Puerto Madero. La franja de la ciudad que convive con el río. Fue durante estos primeros recorridos que comencé a identificar mas precisamente el objeto de mi interés.

Desde la premisa de trabajar sobre la arquitectura como forma explícita de la transformación, empecé a centrar mi atención en las fachadas de los edificios. El primer ejemplo que después sirvió como patrón para el desarrollo del trabajo fue el Policlínico Ferroviario. Un edificio que me llamó la atención por su monumentalidad, por sus dimensiones, del cual tenía presente su historia. El Policlínico Ferroviario, inaugurado por Perón en 1952, es una mole de nueve pisos y mas de 10.000 metros cuadrados que supo tener casi 700 camas para atender a casi 225.000 afiliados de la obra social de los ferroviarios. Con el cierre de ramales y la privatización de los servicios de trenes en la era menemista, fue disminuyendo abruptamente la cantidad de empleados ferroviarios y mermaron los aportes a la obra social por lo que el hospital cerró en 1999, envuelto en una nube de escándalos y corrupción. En definitiva, todo aquello sobre lo que quería trabajar estaba allí, en las grietas de este edificio abandonado. Como las historias que se perciben en las arrugas de un rostro.

A partir de esto, decidí concentrarme en los frentes específicamente y trabajarlos como si fueran retratos. Utilizar la hipervisibilidad como recurso con la intención de evidenciar las distintas capas de historia acumuladas en esa arquitectura deteriorada. Fotografías de grandes dimensiones como monumentos obsoletos.

Con la utilización de este patrón de registro se me volvió innecesario el recorrido original que me había trazado y elegí trabajar entonces sobre la elección de los edificios mas allá de su ubicación geográfica. Es aquí donde la clasificación se convirtió en un recurso. Los edificios públicos, su historia y su aspecto. La cáscara y el contenido. Edificios monumentales construidos en las décadas del 30 y 40. Arquitectura fascista importada de la Alemania nazi para la Casa de Moneda, el deterioro lamentable en algunos edificios del Poder Judicial frente a los portones dorados como lingotes de oro del Ministerio de Economía.

Entiendo que estas imágenes pueden prestarse a variadas interpretaciones, algo que en definitiva me resulta interesante. Pero en lo que se refiere a mis motivaciones estos edificios funcionan para mi como el retrato de la obsolescencia.