Retratos del tiempo

Delfina Helguera


Para ADN Cultura, Diario La Nación

 

La última muestra de fotografías de Santiago Porter (Buenos Aires, 1971) en Rolf Art es inusual. No deriva de sus últimos proyectos o búsquedas, se tata de una exposición hecha a medida, en el formato adecuado a las pequeñas salas de la galería. El titulo, Condición de las flores, esta tomado de un libro de Mario Bellatin en el que el autor mexicano indaga los mecanismos de creación de sus textos. Esta idea de explorar en los procesos creativos es el nexo que encuentra Porter para ordenar dos series de fotografías realizadas en distintos momentos de su vida.

En una sala expone fotografías blanco y negro de los años 1998 y 1999, son fotografías analógicas, copiadas en su momento y guardadas en cajas. Imágenes de la naturaleza sin ninguna referencia: la hierba, las flores, un tronco, un montículo de piedras de granito, un jarrón con flores a contraluz. En la sala principal, se exhiben una gran fotografía reciente a color –un cuarto que alguna vez fue algo mas que esos restos de paredes descascaradas y marcas de vivencias– junto con otras dos de 2012, en las que Porter vuelve a hacer foco en la naturaleza.

En esta suerte de investigación del propio archivo para rescatar las imágenes de la muestra, Porter encuentra coincidencias en su mirada, la de ahora y la de aquellos años: su preocupación por mostrar lo que no está, las huellas y marcas de algo que ya no existe. ¿Cómo fotografías el tiempo?.

Bellatin explica que busca la precisión extrema en sus textos; intenta que sean lo menos subjetivos posible. Corrige hasta encontrar “pequeñas piezas pulidas” con las que construye sus obras. Con ese mecanismo de depuración se identifica Santiago Porter, ganador de una recordada edición del Premio Petrobras en Buenos Aires Photo. “El método es una apuesta, lograr que las fotos se justifiquen solas -explica-; ir a la médula de las imágenes”.

No notamos el artificio. La naturalidad de las tomas forma parte de esas decisiones previas que asume el fotógrafo y que constituyen el bagaje de todo artista. La obsesión por la luz, el encuadre y la búsqueda de lo pictórico lo relacionan con la fotografía artística del siglo XX.

Sin pistas el sentido tampoco es evidente. Se va desplegando de a poco en una segunda mirada: las flores, el pasto, las piedras y los troncos son atemporales y podrían estar en cualquier lado. El tema no resulta importante, lo que importa es la resonancia de cada imagen.

Así como otras series de Porter hablan de ausencias y huellas, aquí también reconocemos el tremendo poder de la evocación. ¿Cómo escapar del impacto de una habitación devastada? No necesitamos saber que fue le resultado del incendio de un hospital, solo con la imagen comprendemos la densidad de los datos que faltan. Algo similar ocurre con la imagen de la pelota de Sebastián Barreiro, de cinco años, en La ausencia, la serie dedicada a las victimas del atentado a la AMIA.

Los complejos dispositivos de la creación se han puesto en marcha y nos devuelven algo inquietante y movilizador. Para abordar el proceso que atraviesa un artista, esta pequeña muestra en Rolf es un regalo al espectador.